
La literatura infantil como espacio de reflexión, humor y valentía
Este año, gracias al nexo entre IBBY Chile y Troquel, tuvimos la oportunidad de conversar con Gustavo Puerta Leisse, editor, crítico y especialista en literatura infantil y juvenil. Una entrevista que se realizó en medio de su participación en una charla en el Espacio Literario de Ñuñoa, dirigido a mediadores y mediadoras de la lectura.
Conversamos con Gustavo Puerta Leisse, un referente en la literatura infantil y juvenil. Editor, crítico literario y especialista en este género, Gustavo ha dejado una huella importante en el panorama cultural con su trabajo al frente de Ediciones Modernas El Embudo, una editorial comprometida con la calidad literaria y la difusión de libros que invitan a la reflexión y el pensamiento crítico.
Su labor ha sido prolífica tanto en el mundo editorial como en el periodismo cultural, siendo editor de la revista ¡La leche!, un espacio que marcó una diferencia por su enfoque innovador y su valentía al abordar temas inusuales para las infancias como el trabajo infantil, las dictaduras, fantasmas, antropología, ciencias, artes, entre otras, poniendo siempre en el centro a la infancia. Su trayectoria también incluye la creación de la Escuela Peripatética de Literatura Infantil y Juvenil y su participación en diversas publicaciones especializadas, donde ha dejado claro su compromiso por la literatura de calidad para niños y jóvenes.
Este año, gracias al nexo entre IBBY Chile y Troquel, tuve la oportunidad de conocerlo más de cerca en una charla sobre su trabajo como editor, que se realizó en el Espacio Literario de Ñuñoa, dirigida a mediadores y mediadoras de lectura. De ese encuentro, surgió esta entrevista, que ahora compartimos con ustedes.
En tu charla hablaste de Perry Nodelman y sus reflexiones sobre la literatura infantil. ¿Qué nos puedes contar sobre eso?
Nodelman plantea una idea que me marcó: cuando un niño nace, no sabe cómo ser niña o niño, sino que aprende a través de las representaciones que los adultos le dan. Vivimos en un mundo lleno de representaciones, algunas contradictorias. Es importante ofrecer al niño imágenes de la infancia donde el juego, el humor y la alegría estén presentes. Lamentablemente, hoy es difícil encontrar libros infantiles que sean realmente alegres. Me gustaría ver más frescura y diversión en la literatura para niños.
Si hablamos de valores en la literatura infantil, ¿qué te parece relevante?
Más que hablar de valores, hablaría de “espacios”. El primero es el de la palabra, como cuando una madre canta una canción de cuna a su hijo, creando un vínculo de afecto y legado. Otro espacio es el del reconocimiento del yo, cuando un niño supera limitaciones y se siente orgulloso, como al aprender a vestirse o trepar un árbol. También es importante el espacio de la pertenencia cultural, que se refleja en cuentos, mitos y leyendas. Y no podemos olvidar el espacio del hacer: actividades como la construcción o la cocina, que hoy en día están casi ausentes en la literatura infantil. No todos los niños tienen que ser lectores, pero leer es una excelente manera de conocer a un niño y desarrollar su emocionalidad. Los libros pueden ser un punto de encuentro y reflexión.
¿Es posible transmitir valores como la tolerancia a través de los libros infantiles?
Creo que no se puede transmitir la tolerancia directamente. Más bien, los libros deben crear espacios para que los niños reflexionen y aprendan de situaciones que involucran tolerancia. Lo más importante es fomentar el diálogo y la discusión.
No todos los niños tienen que ser lectores, pero leer es una excelente manera de conocer a un niño y desarrollar su emocionalidad. Los libros pueden ser un punto de encuentro y reflexión.
¿Existe valor en lo “inútil”?
Todo es útil. La idea de que la cultura debe ser productiva o funcional es equivocada. Los niños buscan utilidad en lo que hacen, incluso en su fantasía. Cuando un niño juega a hacer una espada o una casa rodante, está buscando algo útil. El concepto de utilidad está muy condicionado por lo que adultos o instituciones consideran “útil”. Los niños están constantemente construyendo sus propios significados y, para ellos, todo lo que aprenden tiene una utilidad directa, incluso si no sigue los estándares de la sociedad.
¿Cuál es el rol del humor para ti?
Me interesa mucho el humor infantil, porque, por un lado, implica un reconocimiento de la autoridad y, por otro, un cuestionamiento de la misma, sin consecuencias. Recuerdo que a mi hija, de pequeña, le encantaba una canción que decía: “A mi escuelita le pongo dinamita…”. Era una forma de juego, no de violencia. El humor debe ser libre y no tomarse de manera literal, algo que veo muy peligroso en la sociedad actual. Los adultos, en general, tienen dificultad para reconocer el placer que los niños sienten… vivimos en una sociedad hedonista, pero nos cuesta permitirles disfrutar de lo placentero en su forma más pura. La mayoría de los libros infantiles no generan placer y, para que los niños lean, la lectura debe ser placentera y el humor es una herramienta poderosa para conectar con los niños. El humor es como el juego, generan relaciones comunes, son una construcción compartida, un lenguaje que permite que adulto y niño se entiendan. A través del humor, el adulto se introduce en el universo infantil y viceversa. Este tipo de interacción no solo favorece la comunicación, sino también la empatía.
¿Cómo ves este tema en tus libros?
En mis libros trato temas que no siempre son cómodos o convencionales, como la violencia, la desnudez o el humor negro, porque creo que hacer libros es también enfrentar los miedos, por ejemplo, ahora estamos trabajando un libro sobre la muerte y es un tema que hubo mucho silencio durante mucho tiempo y que nos ha costado mucho trabajo realizarlo… Los miedos más concretos tienen que ver con el futuro de la editorial: el miedo económico o a no cumplir con las expectativas es real. Pero, en general, intentamos no limitarnos porque el miedo forma parte de la vida y enfrentarlo es parte del proceso creativo. Como sociedad, tenemos que aprender a enfrentar el miedo, a entenderlo y a dejarlo de lado cuando es innecesario y entender que la literatura debe estar al servicio de los niños, no de los adultos o de lo políticamente correcto.
En nuestra editorial, apostamos por libros que sean para niños y niñas, no para adultos. Creemos que la literatura debe ser una experiencia auténtica, sin limitaciones por lo que los adultos consideran apropiado.




