
Cristina Sitja Rubio: Una brillante criatura
Radicada en Europa, la destacada ilustradora venezolana crea, con una estética atrayente y caótica, un libro que habla de la relación con los animales y el cuidado del medioambiente; “Extrañas criaturas” (2024) es una apuesta de la editorial chilena Claraboya, que fue publicada por primera vez en Suiza, hace más de diez años.
Los animales del bosque pasaban un verano aburrido. Otro más, pensaron. Pero, pegado en un árbol, un cartel anunciaba una fiesta en un lugar cercano. Qué mejor manera de celebrar, bailar y comer pastel de chocolate, pensaron. Sin embargo, de regreso a sus casas ya nada sería igual, los humanos arrasaron con ellas. Sus hogares, los grandes árboles frondosos, ahora eran cortados en pedacitos y, en su reemplazo, los hombres instalaron sus propias viviendas.
La imagen no puede ser más desoladora. La ilustradora venezolana Cristina Sitja Rubio y el creador chileno Cristóbal León nos muestran en Extrañas criaturas (Claraboya, 2023) una situación muy actual: solo en nuestro país, entre los años 2001 y 2020, se perdieron 1.04 millones de hectáreas de bosque nativo y, con él, la diversidad de flora y fauna que los habitaba.
Sitja Rubio, fanática del trabajo de la ilustradora canadiense Isabelle Arsenault, de niña juntaba las láminas del álbum de Mazinger Z, en su natal Caracas. En Montreal estudió Literatura y Bellas Artes, especializándose en fotografía en Nueva York. Luego, en San Francisco, hizo una maestría en esta disciplina, para luego trasladarse a Barcelona, donde comenzó a dibujar, pasión que la ha llevado a ilustrar para niños y niñas, moviéndose entre la ciudad condal y Berlín. En este libro, que también es un documental (2019), disponible en la plataforma Mubi, la ilustradora despliega todos sus recursos gráficos para mostrarnos el horror del actuar de las extrañas criaturas que han arrasado con los árboles.
En una primera parte, observamos a los animales en su hábitat, felices, bailando al son del chachachá y la cumbia; luego, una mesa vacía, sólo cubierta con platos y migajas del pastel y los mismos invitados durmiendo en el piso o apoyados uno sobre otro. La situación colorida y alegre cambia radicalmente cuando los animales llegan al bosque. Ya no hay vida, ni verde ni pastos silvestres. En su reemplazo, la paleta se llena de tonos secos y los animales curvan sus cuerpos en señal de dolor.
En una primera parte, observamos a los animales en su hábitat, felices, bailando al son del chachachá y la cumbia; luego, una mesa vacía, sólo cubierta con platos y migajas del pastel.
Donde antes hubo diversión y conga, hoy abundan grandes trazos rojos y grises; un cúmulo de mobiliario de desechos que los animales usan en reemplazo de sus antiguas viviendas. Sillas, mesas, estanterías hechas para los humanos reemplazan los troncos y las copas de los árboles; pero no son suficientes, son livianas y el viento las abate sin piedad.
Por otra parte, intentarlo con los humanos no es tarea fácil, no entienden razones y expulsan a los animales a gritos, a empujones, con chorros de agua. Sus cuerpos color violeta sólo reflejan temor. ¿Qué harán los antiguos habitantes del bosque para recuperar lo suyo?
El uso del trazo a lápiz es elocuente en el libro, Sitja Rubio nos muestra el plan a través del oso: los hombres de color violeta son los culpables, cortaron los árboles para picarlos y con ellos ganar dinero para mantener sus vidas, con casas idénticas entre sí, rodeadas de jardines perfectos. Pero los animales no se amilanan, usan su poder y destrezas para pagarles con su misma moneda. Invitan a los humanos a una fiesta y, en su ausencia, roban sus casas sosteniéndolas por los aires amarradas con cuerdas rojas.
En una entrevista publicada en el sitio web de la Fundación Mar Adentro, a raíz de la relación con la naturaleza y la ciudad, la ilustradora señala: “La naturaleza está en todas partes, a pesar de que hemos llenado las ciudades de cemento y smog. Cuando vivía en Caracas me maravillaba de cómo las plantas lograban crecer de un desagüe en una autopista, de cómo los zamuros (aves rapaces que abundan en Caracas) construían sus nidos en balcones en edificios altos y se posaban en las antenas parabólicas para observar”.
La hermosura caótica de las grandes ciudades se plasma en Extrañas criaturas. Hombres y animales deben reunirse para vivir juntos, es hora de una tregua. Los extraños seres violeta toman diversos colores y sus vestimentas aparecen con mayor claridad, en tanto los animales, pedagógicos, les explican la importancia de cuidar el bosque. Entonces, todos reunidos, se ponen manos a la obra: la plantación crece, mientras que niños, conejos, hombres, mujeres, osos y pájaros comienzan la restauración del hábitat. De nuevo el verde inunda todo, de nuevo es verano en el bosque.



