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    Dos libros de poesía para romper límites
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    Dos libros de poesía para romper límites

    23 mayo, 2025 Por Isabel Casar L.

    A veces las matemáticas, la ciencia y la gastronomía están más cerca de lo que creemos de la poesía y las imágenes. Hoy seleccionamos dos libros que nos hacen volar la imaginación y desafían a lectores de todas las edades.

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    ¿Para qué sirve la poesía? Hace unas décadas atrás, esa pregunta solía tener una respuesta popular ligada a la expresión de las emociones, muchas veces vinculada a la belleza de la mirada, a la rima y a una supremacía estética y retórica. Actualmente es casi imposible responder desde ese único lugar. 

    La época de esa taxonomía cerrada, tajante y excluyente, que nos ayudó a ordenar el mundo alguna vez, ahora nos queda chica desde el paradigma de la complejidad, donde los matices y el pensamiento rizomático cobran valor. Casi como un acto poético, relevamos a la poesía desde su poder deconstructivo, rompiendo con los absolutismos, mirando y nombrando las cosas de otras formas. En palabras del poeta y bibliotecario argentino Roberto Juarroz:

    “La poesía es experiencia. Creo además que es visión del mundo. La poesía siempre es decir de otra manera. Este ‘decir de otra manera’ es para mí la mayor posibilidad que tiene el hombre. ¿En qué consiste el símbolo? Simplemente, en la posibilidad de decir una cosa mediante otra. La posibilidad de que algo diga otro algo. Esa otredad que radica en las cosas, pero que está en la entraña, es la médula de la poesía”.

    Revisamos el concepto de poesía para presentar dos libros que este semestre llamaron nuestra atención por entremezclar sinérgicamente la mirada poética con otras disciplinas, como las ciencias, la gastronomía o las matemáticas. Nos referimos a De la rama al bosque (Hueders, 2024), de la dupla de tocayas Ángeles Quinteros y Ángeles Vargas, donde texto e ilustración siempre suman; y a Sabor (Océano, 2023), de la poeta Micaela Chirif, el crítico culinario Ignacio Medina y el ilustrador Andrea Antinori. 

    De la rama al bosque es un libro que, a través del juego poético, mezcla poesía y matemáticas, rompiendo la certeza de la exactitud y respuesta única que caracteriza a esta disciplina. Nos invita a sumar, cambiando los números por contemplación y atención, sumar cosas para formar otras, hace patrones de relación entre las palabras y conceptos.

    Una espina. Cien espinas. Una rosa.
    Una espina. Cien espinas. Un puercoespín.
    Una espina. Cien espinas. Un cactus.

    Revisamos el concepto de poesía para presentar dos libros que este semestre llamaron nuestra atención por entremezclar sinérgicamente la mirada poética con otras disciplinas, como las ciencias, la gastronomía o las matemáticas.

    Esta sinergia, el juego de la creación con los elementos mínimos, y por supuesto, la mezcla del arte con la suma, nos recuerda los ejercicios de color de Josef Albers. El artista y profesor de la Bauhaus empujaba a mirar más allá y a ver la percepción del color como algo relativo al contexto, mostrando, al igual que este libro, que una misma suma puede tener más de una respuesta. 

    Las ilustraciones de Ángeles Vargas complementan indisolublemente estos versos, creando un puente visual que, desde la portadilla, nos introduce a esta obra juguetona. Los colores escogidos y la composición aportan profundidad y goce estético a la lectura, lo que sumado a una excelente trabajo editorial hacen de este libro un imperdible.

    Por su parte, Sabor nos sumerge en el mundo de los sentidos, desde su percepción biológica hasta aspectos más históricos o sociales, como que el chocolate nace en el territorio que hoy es México. Bajo el nombre txocolatl, era una bebida amarga y picante que, a través de la colonización, se fue transformado en lo que consumimos hoy, al agregarle azúcar los españoles, leche los suizos, almendras, coco, ¡hasta hormigas!, y así un sinfín de cosas dependiendo del paladar y creatividad del chocolatero. 

    El dato curioso es el hilo invisible que va uniendo este viaje por el sabor, entregándonos información precisa sobre ciertos animales que destacan por su olfato o por la cantidad de papilas gustativas; o bien sobre el umami, un quinto sabor menos conocido, que es amargo, salado y dulce a la vez, y que en japonés significa sabroso.

    El sabor dulce es como mecerse en una
    hamaca hasta quedarse dormido,
    como una canción de amor, como un abrazo.

    De esta forma, el libro se construye como las buenas comidas: vamos transitando entre los temas, explicados con una asombrosa sencillez, pero dejando un enorme espacio para saborear este conocimiento, disfrutándolo plenamente mientras lo vamos consumiendo. Nos invita, por ejemplo, a reflexionar sobre el sabor (o no sabor) del agua, o el sabor del color.

    Las graciosísimas ilustraciones van conversando con el texto, formando capas de textura, algunas más densas como frutillas y otras más livianas como la crema. Tanto los colores como la técnica elegida, pintura con rotuladores y lápices de color, dan una mirada infantil y potente, que entrega frescor a esta conversación entre texto e ilustración. ¡Este libro se saborea con ganas!

    Ambos libros cumplen con un espíritu y ritmo infantiles, no excluyentes para adultos. Son como subirse a un columpio, donde su estructura rítmica eleva la contemplación de lo que tenemos cerca y nos entretiene muchísimo. Los invitamos a leer estos libros que rompen con los límites establecidos, desde la curiosidad y el poder de la poesía.