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    Los hijos del Sol

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    Hermana y hermano. La leyenda de la Achiqué

    Hermana y hermano. La leyenda de la Achiqué

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    Las riquezas de los relatos andinos
    Artículo

    Las riquezas de los relatos andinos

    11 junio, 2025 Por Claudio Aravena G.
    publicado en el Boletín 16

    Con “Los hijos del Sol” y “Hermano y hermana”, el legado cultural de nuestro continente brilla en versiones libres de importantes relatos orales, adaptados por la filósofa y poeta peruana Micaela Chirif.

    Los hijos del Sol

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    En el relato fundacional del Imperio inca, Manco Cápac y Mama Ocllo, la pareja original de hermanos y esposos, hijos del Sol, emergen de las aguas del lago Titicaca, encomendados por su padre para fundar la ciudad del imperio, el Cuzco o el ombligo del mundo

    Si bien conocíamos esta leyenda gracias a la versión del Inca Garcilaso de la Vega, nacido en Cuzco en 1539, «Los hijos del Sol»  (Kalandraka, 2023) y nos presenta una mirada llena de detalles que acercan a los lectores la historia de estos hermanos y esposos que, acompañados por una niña y un pueblo silenciosos, recorren cientos de kilómetros buscando la ciudad ideal.

    Al caminar, la pareja (y quienes los acompañan, a la distancia) disfrutan del agua, de los animales, de las frutas. Ambos escuchan, huelen, prueban todo lo que la naturaleza les ofrece en la ruta, pero el camino se hace difícil. 

    Cuando las bocas de Manco Cápac y de Mama Ocllo dejan de sonreír y la esperanza se diluye, desde lejos, los humanos aprenden un nuevo sentimiento: la compasión. Agotados, los hermanos se duermen cerca del cerro Huanacaure y, al despertar, sucede el gran acontecimiento: la mujer apoya el bastón para ponerse de pie y éste se hunde en la tierra blanda del cerro, el lugar preciso para fundar la ciudad prometida.

    Esta leyenda incorpora la propuesta estética del ilustrador mexicano Juan Palomino, cuyo trabajo hemos disfrutado en otros libros reconocidos anteriormente por el comité Troquel: Cajita de fósforos (Ekaré, 2021), Una canción que no conozco (FCE, 2020) y el poemario El mar (FCE, 2020).

    Aquí, Palomino recurre a la imagen del quipu (khipu) para mostrarnos al padre Sol (Inti), la deidad más importante de la mitología incaica. Las cuerdas del quipu, este sistema creado para la contabilidad y el almacenamiento de relatos épicos, se transforman en los rayos del Inti que se extienden por la tierra y señalan rutas, huellas y sembradíos. 

    El trabajo del mexicano comienza desde las guardas, en donde observamos pequeños indicios que marcan el camino que seguirán los personajes. Sus huellas cruzan las páginas en forma diagonal e invitan al lector a recorrer junto a ellos la travesía. Los colores son intensos, aunque acotados; una paleta de tierras y azules, con gran presencia de blancos y negros para las montañas y con tonos cálidos reservados al sol. 

    Cuando la compasión se presenta en el texto, Palomino inunda la doble página transformando al sol en una gran espiral; una comunidad de personas que nos demuestran la importancia del trabajo conjunto y el pilar de esta leyenda: no estamos solos en el planeta, existimos gracias a los otros.

     

    Una vieja come niños  

     

    Cientos de pesadillas infantiles son protagonizadas por viejos que vienen tras los niños para devorarlos o secuestrarlos. También por señoras que matan a sus propios hijos, ahogándolos en las aguas de un río. En Hermana y hermano (2024), libro editado por Mis Raíces, la situación no es distinta. 

    Micaela Chirif aborda la leyenda peruana de la Achiqué (también la Ashike o la Achkay), una bruja hambrienta que devora niños y que va detrás de dos hermanos: una niña mayor y un niño pequeño, quienes viven en un poblado donde la lluvia dejó de caer. Allí, los cultivos no dieron papas, ni camotes, ni frutas, por lo que los hermanos toman la decisión de abandonar su casa, siguiendo el vuelo de un ave. 

    El olor de los niños es percibido por la bruja, quien va tras sus pasos. Asustados, los hermanos corren despavoridos, cruzando las tierras yermas, donde son protegidos por la fauna local. La bruja, cada vez más furiosa y hambrienta, logra sortear los obstáculos estando a metros de alcanzarlos. Sin embargo, los niños no contaban con la valentía del pequeño ratón andino, que lanza un grito que paraliza a la mujer maligna. 

    La desesperación de los hermanos conmueve al Padre Cielo y, desde las nubes, les lanza una cuerda para salvarlos, pero la bruja logra coger el extremo de la soga para ascender también. Y acá, la astucia del ratón cobra sentido: sus dientes cortan la cuerda y la bruja cae, mientras los hermanos llegan a un paraíso esponjoso lleno de los más ricos alimentos. Ya cansados de tanto comer, deciden volver a su pueblo montados en nubes llenas de gotas de agua que caen sobre la zona.

    Su trabajo comienza desde las guardas en donde observamos pequeños indicios que marcan el camino que seguirán los personajes. Sus huellas cruzan las páginas en forma diagonal e invitan al lector a recorrer junto a ellos la travesía.

    El texto de Micaela es acompañado por una compatriota, la ilustradora Jéssica Valdez. A diferencia del libro anterior, donde predomina la metáfora visual, en Hermana y hermano la artista peruana opta por dibujar a niños con aspecto propio y local; de piel morena, ropas sencillas y pelos negros, los protagonistas destacan en un imaginario LIJ plagado de estereotipos europeos. 

    Por su parte, la Achiqué es totalmente siniestra: cubre su rostro con una máscara de cráneo animal, lleva un cinturón de calaveras humanas que ata un abrigo morado y bajo él, una pollera a rayas. En contraste con los niños, su piel es ceniza y sus uñas largas como garras. Mediante la saturación de los colores, Valdez hará vibrantes al cielo y el paraíso, recordándonos las imágenes de una estampa religiosa.

     

    La construcción de una identidad local

     

    Por siglos, las leyendas les han servido a las comunidades para transmitir sus enseñanzas a las nuevas generaciones y para ayudar a comprender nuestra existencia en el mundo.

    La riqueza de estas narrativas permitió construir una identidad, fortalecer los diversos idiomas y desarrollar un imaginario que se mezcló con la experiencia foránea, tras la llegada de los conquistadores, y que sobrevivió a la desaparición de las lenguas indígenas y a la destrucción de parte de la cultura de los pueblos que habitaban esta zona geográfica, América.

    Estas dos propuestas, si bien difieren entre sí, rescatan lo mejor de las leyendas locales. Son libros que amplifican la riqueza cultural de nuestros pueblos, gracias al talento de Micaela Chirif, quien intenciona los textos para que los lectores actuales puedan hacerlos parte de su imaginario; mientras que los ilustradores, cada uno desde su vereda estética, se comprometen e interpretan el talento de la poeta haciendo crecer el poder de ambas historias.