
Hechos para descubrir nuestro cuerpo
Dos libros informativos nos sorprendieron este semestre. El primero aborda, desde diversas perspectivas, nuestra constante evolución como especie humana y el segundo toca un tema tabú, hablar sobre las vaginas.
En un mundo saturado de información al alcance de un clic, los libros informativos para la infancia ocupan un lugar insustituible. No se trata sólo de transmitir datos: un buen libro impulsa a los jóvenes lectores a buscar el significado de nuevas palabras, a apoyarse en las imágenes para comprender mejor lo que leen y a sentirse parte activa del proceso. Esta experiencia no es pasiva ni mecánica; es una invitación a explorar, cuestionar y aprender con los sentidos bien alertas.
A diferencia de los contenidos encontrados al azar en las redes, estos libros han sido cuidadosamente diseñados por equipos especializados —editores, ilustradores, comunicadores científicos, diagramadores— con un claro propósito: hacer comprensible y atractivo el conocimiento para la infancia. Hay en ellos una coherencia temática, un enfoque autoral que guía la información y que estimula el pensamiento propio desde edades tempranas.
Estos libros no solo enseñan, también encantan. Su estructura visual fragmentaria, la variedad tipográfica, los recursos paratextuales como índices o glosarios, y el equilibrio entre imágenes, esquemas, dibujos y texto crean una experiencia nutritiva y lúdica. Leerlos es detenerse en una curiosidad, contemplar una ilustración, o seguir el hilo de los datos a nuestro propio ritmo.
Dentro de los mejores títulos revisados por el comité en este primer semestre de 2024 encontramos Tu fantástico cuerpo (Saposcat, 2024), escrito por los daneses Jakob Brodersen y Pernille Engsig Eskilden e ilustrado por Kamilla Wichmann, mismo equipo creador de Vida. Una larga historia (Saposcat, 2021), que recibió la Medalla IBBY Colibrí 2022, de manos de un jurado infantil, dando más valor al reconocimiento.
Con un lenguaje ameno y claro que interpela directamente a sus lectores, el texto transmite el asombro al buscar y ofrecer las respuestas a preguntas muy humanas y universales acerca de por qué nuestro cuerpo se ve y funciona de la manera que lo hace. Resume en más de cincuenta páginas dos mil millones de años de evolución de los seres vivos hasta llegar al cuerpo humano actual: un reducto de características físicas que tuvieron nuestros ancestros, como los anfibios, de quienes probablemente heredamos nuestro diafragma; y abre, implícitamente, los cuestionamientos acerca de cómo nuestro cuerpo podría seguir evolucionando en el futuro.
La información se despliega siguiendo evidencia científica con el siguiente orden: Partes del esqueleto, órganos internos y los sentidos y sus órganos aparejados. Cada una de estas estructuras corporales se explica originada en la evolución de un ancestro común y compartida con otros animales extintos y actuales. Si bien escasea en elementos paratextuales, como índice o glosario, la rigurosidad de la información se garantiza con la mención de que los autores se asesoraron con un equipo de expertos en fisiología animal, cuidadores profesionales de animales y un neurobiólogo.
Las ilustraciones son un tema propio dentro de Tu fantástico cuerpo, pues están realizadas con minuciosidad y aspiran a la belleza. Evocan el detalle de la ilustración científica clásica, pero mantienen una simpleza que nos las hace más cercanas y digeribles.
En palabras de la ilustradora, acerca del motivo por el cual para estos libros el dibujo opera mejor que una fotografía: “Si uno hace un dibujo de algo, es más abierto, uno puede meterle más poesía, más pensamiento (…) Entonces lo que es casi imposible de entender se vuelve más comprensible si es una ilustración y no una ilustración que quiere ser una fotografía.”.
Las ilustraciones invitan a sumergirse en una profundidad necesaria para que emerjan el pensamiento, la admiración y el asombro, en sintonía con la propuesta subyacente del texto, pues todo libro informativo tiene una intención: “es una invitación a ver el mundo como la ciencia y los investigadores lo perciben”, un llamado a emocionarse ante la inmensidad de la vida y su sabiduría. Sólo mediante una admiración profunda por lo existente, la comprensión de nuestra intrínseca conexión como seres vivos y la capacidad de pensar y reflexionar, podemos proteger lo más valioso que tenemos: nuestra existencia en este mundo.
Leerlos es detenerse en una curiosidad, contemplar una ilustración, o seguir el hilo de los datos a nuestro propio ritmo.
Para hablar de vaginas
Las características propias de los libros informativos no narrativos, como tipografías diferenciadas por secciones o bloques de textos que explican las ilustraciones, están aún más presentes en Hablemos de las vaginas (Contrapunto, 2025) escrito por la doctora Allison K. Rodgers, ginecóloga especialista en fertilidad y endocrinóloga reproductiva, quien es una activa divulgadora de su quehacer en diversas redes sociales.
Su patrón de lectura es complejo, pues abundan las imágenes, los textos fragmentados y múltiples tipografías, pero la doctora Rodgers sabe lo que hace: es una divulgadora cercana, amena, que conoce bien a su público y sabe qué preguntas habitan en su cabeza ayudando de forma certera al lector en la construcción práctica de su conocimiento. En el interior de lo que a primera vista puede ser caótico, hay un orden claro de los temas, que podríamos englobar en: La vagina en la cultura humana; estructura y funciones del órgano de la vagina; menstruación y maternidad; higiene y salud de la vagina; identidad de género y autocuidado corporal y psicológico de las personas con vagina
Todo lo anterior acompañado por la sensación de que es la misma doctora la que enseña, sugiere, aconseja y acoge, generando una conexión más íntima con la información expuesta. Dice Ana Garralón “Un buen divulgador no es un mero transmisor de información, es un auténtico creador que da un sentido nuevo al conocimiento cuando lo contextualiza en la vida cotidiana.” Esta cualidad es clara en la voz autoral de Hablemos de las vaginas y lo logra de manera técnica, en el texto predomina la función conativa, al igual que en Tu fantástico cuerpo, apelando directamente al lector.
En relación con las imágenes, realizadas por la ilustradora alemana Annika Le Large, en su mayor parte no cumplen la función de entregar información adicional científica sobre el tema, ni tienen el desarrollo estético que busca Kamilla Wichman, pues su intención es generar cercanía al mundo adolescente para comunicarle la belleza que hay en la diversidad de cuerpos. Apoyan la narración, cuyo tono y contenido son muy directos, con imágenes explícitas, pero sencillas. Texto e imagen conviven coherentemente en este título que busca derribar los tabúes que, lamentablemente, aún persisten sobre el cuerpo y la sexualidad femenina, consigna la autora.
Ambos libros son excelentes muestras de divulgación visual narrativa que no sólo pretenden enseñar, sino que despiertan la curiosidad, fomentan el pensamiento crítico y generan vínculos emocionales con los lectores jóvenes. Son herramientas esenciales para acercar la ciencia y el conocimiento a la vida cotidiana, promoviendo una comprensión profunda y respetuosa del cuerpo y del mundo.


