
Chile de arriba a abajo: una mirada multimodal a un país que aún está
Grafito apuesta por un rescate bilingüe, original y nostálgico, que mezcla la voz y la música de fines de los sesenta con imágenes creadas hoy. Un recorrido por el país, su geografía y su gente, que se une con lo más profundo de nuestras raíces.
La literatura comparada busca cruces entre distintas obras que, al ser traslapadas, producen una lectura sinérgica, es decir, una interpretación más rica y compleja que si disfrutamos las obras por separado.
Esto se observa con claridad en Chile de arriba abajo (2024), un poemario de Manuel Rojas, musicalizado por Ángel Parra y con ilustraciones de Elisa Monsalve, publicado recientemente por Grafito, sello independiente chileno liderado por Isabel Molina y conocido por su labor de rescate gráfico y editorial. Estas tres disciplinas: poesía, música y artes gráficas se conjugan en un libro de alta calidad estética, trayendo al presente una mirada nostálgica y sensible de un Chile al desnudo, que nos recuerda nuestras raíces, historia y conflictos sociales.
Casi siempre al hablar de rescate editorial nos referimos a reediciones de libros perdidos u olvidados en el tiempo, que vuelven al presente en versiones facsimilares o con alguna actualización estética. En este caso, el acierto de Grafito es aún mayor: hacer un libro en base a un disco y no a un libro anterior.
Nos referimos al disco homónimo del músico Ángel Parra (1943-2017), que fue lanzado originalmente en 1968. Chile de arriba abajo es un álbum que explora la identidad chilena, fusionando el folclor y sensibilidad musical de Parra, con la mirada poética del escritor Manuel Rojas (Premio Nacional de Literatura 1957), logrando un obra multimodal que retrata un Chile profundo.
Reconocido por su innovación y originalidad, el álbum destaca tanto por sus características estéticas como sociales, dialogando con el contexto político y artístico efervescente que se vivía en esos años en el país, un preludio de la Unidad Popular. Ángel Parra, ya había trabajado anteriormente esta unión, musicalizando la obra de Pablo Neruda en el álbum Arte de pájaros, de 1966, y en Las cuecas de Ángel Parra y Fernando Alegría, en 1967, culminando la trilogía de escritores con este disco.
Parra vio en los versos de Manuel Rojas un destello de la belleza de Chile, reflejada no sólo en su diversa geografía, sino también en la valoración de sus raíces indígenas, en el grito de sus problemas sociales y una mirada asombrada y orgullosa de lo propio. En palabras del músico: “Tal vez quien conocía más profundamente el mundo indígena era Manuel Rojas; nos quejábamos a dos voces del racismo criollo. Todo ese mundo tan nuestro y totalmente desconocido”.
Este libro-cancionero respeta el orden original del álbum, recorriendo nuestro país de norte a sur en las voces de dos caminante.
A este cruce entre literatura y música, la propuesta editorial suma una nueva hebra: las artes gráficas, obra a cargo de la ilustradora Elisa Monsalve quien, a través del uso del grabado, imprime un sello evocador que recuerda la estética y los recursos presentes en las obras de artistas de los años sesenta y setenta. Desde un aire contemporáneo, trae al presente referentes como Pedro Lobos, Santos Chávez o Pedro Millán. De esta forma, el blanco y negro de las ilustraciones se quiebra con notas de colores planos (azul, amarillo y naranja), que vemos como un posible guiño al maestro Eduardo Vilches y que aportan calidez, intención y belleza, sin perder la sencillez y la relación con la obra original.
Este libro-cancionero respeta el orden original del álbum, recorriendo nuestro país de norte a sur en las voces de dos caminantes, ofreciéndonos paradas en ocho estaciones contemplativas que van desde el índio atacameño al lobero muerto de los mares del sur austral. El disco original incluye ocho temas, sin embargo, Rojas escribió cuatro más que no fueron considerados. Una innovación respecto del disco original es la incorporación de un poema dedicado a Valparaíso, por la relevancia de este puerto para ambos autores. Otro guiño editorial a la vida de uno de los autores, es la publicación de esta edición bilingüe, en honor a Francia, país que acogió a Ángel Parra en su largo exilio, y que apoyó, a través del Instituto Francés de Cultura, la realización de esta propuesta.
En cuanto a la edición, resalta el cuidado estético y conceptual; desde la portada encontramos la esencia de este rescate envolviéndonos en un aire nostálgico que captura ese Chile del 68 y su grito por la identidad. Los textos blancos sobre fondo azul conversan con las ilustraciones y nos predisponen a una lectura sensible y contemplativa, testigos de ese país que nos es mostrado desde su hermosura, desolación y rudeza; un Chile que contrasta con las imágenes de exportación, con esas gráficas luminosas de aeropuerto que resaltan su belleza desde los reconocimientos internacionales; un Chile lavado, que omite sus dolores y sus conflictos más profundos.
Esta edición sencilla y hermosa nos devuelve esa sensación de lo propio, nos invita a volver a mirar (y cantar) nuestro país, observando el futuro desde este gran legado del pasado, realizado por grandes artistas.


