
Los viajes y el humor absurdo del Capitán Nudo
Desde la editorial argentina Limonero, nos llega una serie de —hasta ahora— dos novelas ilustradas que tienen de protagonista a un valiente y engreído personaje, junto a su fiel perro, quienes se embarcan en aventuras llenas de humor, seres extraños y muchos peligros.
A medio camino entre el libro álbum y la novela ilustrada, se encuentran estos dos libros escritos e ilustrados por el autor neerlandés Victor Engbers (1970). Como en el álbum, las ilustraciones son protagonistas y complementan esta historia de viajes, aventuras, peligros y humor. El texto narra las acciones, describe a los personajes y, en cierto sentido, podría funcionar por sí solo, pero las ilustraciones, que suelen ocupar la página completa, son una parte fundamental del viaje y obligan al lector a detenerse en los paisajes y en los rarísimos seres que aparecen en el trayecto.
“Querido lector, querida lectora: Te doy la bienvenida a mi libro. Me llamo Capitán Nudo, ¡y soy el más valiente de todos los capitanes, porque no le temo a nada!”. No es necesario más preámbulo para conocer el carácter del protagonista y narrador de estas historias, y para saber que lo que viene es un libro de aventuras y, como se advierte de inmediato, mucho peligro.
Junto a la introducción, vemos la imagen del valiente capitán que viste solamente calcetines, calzoncillos y una especie de máscara, acompañado por su fiel perro Django. En la tenida del capitán se puede ver una referencia a Capitán Calzoncillos, el famoso libro de Dav Pilkey, y en el nombre de su perro, una cita quizás a un antiguo, o reciente, personaje de wéstern.
En Capitán Nudo y su estúpida sombra, el primero de los libros de este valiente pero engreído capitán, la historia comienza el día antes de su cumpleaños. Como todos los años —dice—, para esta fecha “me lavo los calcetines y los calzoncillos con jabón y cuelgo todo a secar en la soga”. Mientras cuelga su ropa, la sombra empieza a molestarlo, robándole los calcetines recién limpios. “¡Ya basta!”, grita Capitán Nudo. “¡Acá el que manda soy yo!”.
Al día siguiente, el protagonista despierta queriendo hacer las paces con su sombra, pero ésta ya no está en ninguna parte. Hay que salir a buscarla. Ahí empieza el viaje: pulpos gigantes, medusas que funcionan como cárceles, tiburones domésticos que sirven de medio de transporte, islas llenas de montañas e insectos, y una selva habitada por seres estrafalarios que escupen fuego, son parte de los elementos de esta primera aventura en la que el excéntrico protagonista y su fiel compañero buscan a la sombra.
El texto está acompañado por ilustraciones coloridas, tan lúdicas, hilarantes y absurdas como la historia principal, y cuya técnica se olvida deliberadamente para parecerse a la forma en que cualquier niño o niña podría dibujar su propia y disparatada aventura.
En Capitán Nudo y el espíritu del tiempo ya conocemos al protagonista, quien vuelve a presentarse en una carta dedicada a los lectores, a los que nuevamente les desea muchos peligros. Este segundo libro se puede leer de forma independiente, aunque en cierto sentido la historia continúa —en su linealidad absurda— y el modelo narrativo se repite: el capitán y su mascota tienen que emprender un viaje lleno de desafíos.
Nuevamente es el día de su cumpleaños. En un barco llamado El calzón de oro, llegan los primeros invitados: la tía Yaya y el tío Bongo. Antes de que comience la fiesta, aparece un pequeño espíritu del tiempo sobre la cabeza de Capitán Nudo. Está claro que se ha extraviado —dice el tío Bongo—, y como los espíritus del tiempo que se pierden siempre “causan estragos en el orden en que ocurren las cosas”, se hace necesario llevarlo en barco de vuelta a su lugar. ¿Y cuál es su lugar? El principio de los tiempos.
Así, el Capitán Nudo, su fiel Django y el pequeño espíritu del tiempo, emprenden un nuevo viaje. Navegan por los mares hasta que los mares se congelan. “¿Será la Era del Hielo?”, se preguntan. Aparecen mamuts y tigres dientes de sable aburridos de tanto hielo, a quienes los protagonistas les enseñan cómo divertirse en esas montañas de olas congeladas. “Es cierto, esto no es lo más aburridísimo”, dice el rinoceronte lanudo.
El viaje continúa, pero se equivocan de rumbo y viajan hacia el futuro: un espacio lleno de robots que llevan paquetes por todas partes. Al notar que están en el lugar donde las cosas no han ocurrido, piensan que deberían irse, pero no sin antes participar en la carrera alrededor de la luna. Luego siguen su viaje hacia el pasado: pasan por el período de los hombres mono, por el mundo de los dinosaurios, hasta llegar al caldo primigenio en el que se originó la vida.
En ambos libros lo que destaca es un humor absurdo, encarnado en un personaje caricaturesco e infantil que, si bien es bastante engreído, no deja de ser querible para los lectores. El relato sigue el modelo narrativo del viaje del héroe: el personaje sale de su hogar, pasa por distintos paisajes y situaciones, se encuentra con peligros, encrucijadas, seres extraños, para finalmente volver al lugar donde comienza la historia. Pero también recuerda los relatos de viajes de inicios de la modernidad, en que una embarcación llegaba a los lugares más extraños, exóticos e improbables.
El texto está acompañado por ilustraciones coloridas, tan lúdicas, hilarantes y absurdas como la historia principal, y cuya técnica se olvida deliberadamente para parecerse a la forma en que cualquier niño o niña podría dibujar su propia y disparatada aventura. Entre estas ilustraciones destacan algunos paisajes, en los que el foco se pierde de los personajes para detenerse en los colores, las formas y el entorno.
El viaje suele ser un género narrativo, pero gran parte de la gracia de esta travesía es lo que se encuentra en los distintos lugares a los que se llega; y es natural que el lector quiera detalles, y ojalá imágenes de esos nuevos lugares. Los libros del Capitán Nudo proponen eso: ilustrar lugares extraños y surrealistas a los que sólo se puede llegar en tiburones domésticos o en botes que viajan en el tiempo. Y se transforma así en una gran recomendación para nuevos lectores que pasan del álbum o del cómic a libros con textos más extensos, pero que todavía descansan en ilustraciones como compañía y complemento. Si las trayectorias lectoras se parecen a los viajes, este tipo de libros son un muy buen lugar en que parar durante esa ruta.


