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    Desigualdad y violencia: dos novelas gráficas chilenas para conversar con adolescentes
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    Desigualdad y violencia: dos novelas gráficas chilenas para conversar con adolescentes

    03 junio, 2026 Por Claudia Olavarría B.
    publicado en el Boletín 18

    La editorial independiente Tren Bala nos ofrece dos títulos altamente recomendados: «Días salvajes» (2024) y «Hana 1» (2024), propuestas gráficas significativas que propician reflexiones profundas y que pueden convertirse en espacios de contención y resguardo para adolescentes y jóvenes.

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    Es refrescante ver entrar en escena a una editorial de narrativa gráfica que está guiando la producción del género en Chile. Nacida hace casi dos años, Tren Bala ya cuenta con un buen catálogo: entre sus títulos se incluyen Días salvajes (2024), obra ganadora de la Medalla Colibrí 2025 en la categoría novela gráfica o cómic y Mejor obra de narrativa gráfica nacional en los Premios Literarios 2025 del Ministerio de las Culturas, las Artes y el Patrimonio; y Hana 1 ( 2024), obra financiada por el Fondo Nacional de Fomento del Libro y la Lectura, convocatoria 2024, y publicada originalmente como webtoon en 2021.

    En ambas historias, los protagonistas son masculinos. En Días salvajes, de Horacio Santander, Kike ingresa a un liceo emblemático de hombres y comienza a experimentar la cotidianidad del entorno, que incluye violencia y alta toxicidad masculina; mientras que en Hana 1, de Koniicha, Hiro y su robot Hana se ven enfrentados a las desigualdades sociales y el abuso de poder de una ciudad ficticia del norte de Chile, en clave steampunk

    Días salvajes nos presenta una visión —bastante realista— de las dinámicas internas de un liceo de hombres en Chile: jerarquías que potencian la ley del más fuerte como eje estructural de las relaciones entre estudiantes; violencia sistémica que incluye bullying y malos tratos, y que está ampliamente naturalizada; y estructuras de poder autoritarias, donde las y los adultos imprimen con mano dura y graban a fuego una educación desde la crueldad, la exigencia y la competencia. Lo notable de la novela gráfica es que todo lo desgarrador que pueda ser este contexto escolar está relatado e ilustrado de manera ágil, de lectura fácil y cautivante, invitándonos a sumergirnos a través del camino de la adolescencia a la juventud.

    Por su parte, Hana 1 nos ofrece una mirada directa sobre la estructura social de Chile del 1900: las clases trabajadoras sobreviven con lo poco, las clases dominantes viven con lo mucho y van por más. La lectura desde su estética steampunk, subgénero de ciencia ficción retrofuturista, permite al lector tomar distancia; el relato emotivo, especialmente en la relación entre el joven aprendiz de mecánico Hiro y su robot Hana, favorece un acercamiento empático con los lectores; una mirada menos cruda de lo masculino.

    Las novelas pueden funcionar como catalizadoras de conversaciones y diálogo, y como espacios de contención y resguardo, ámbitos en los que la lectura literaria se hace presente.

    Ambas obras, desde sus particulares estilos y narrativas (visuales y textuales), favorecen la apertura de reflexiones y conversaciones en torno a las violencias: tanto Kike como Hiro son golpeados en más de una ocasión; observar cómo los roles de género impuestos que los adolescentes y jóvenes deben cumplir en nuestra sociedad, son brutales: Kike sobreviviendo a la ley del más fuerte y Hiro viéndose obligado a ser el sostén de su familia; también respecto de cómo se ejerce la autoridad desde las y los adultos, en el caso de Kike y sus profesores e inspectores con una visión adultocéntrica del ámbito educativo, o en el dominio de las clases altas, como se manifiesta en la obsesión de Irina por obtener a toda costa a Hana para sí.  

    En este sentido, ambos libros son oportunidades para las y los mediadores de ofrecer lecturas con temáticas bien dirigidas a las y los adolescentes y jóvenes que, por un lado, les serán significativas y les propiciarán instancias de encuentro consigo mismos y los procesos vitales en los que se encuentran y, por otro, les permitirán visibilizar realidades adversas y complejas de nuestra sociedad. 

    Las novelas gráficas, con las que Tren Bala viene a renovar el mercado editorial para jóvenes, permiten instalar espacios de conversación sobre las sociedades representadas en las obras y cómo estas visiones se pueden trasladar a sus propios contextos: ¿es la violencia una herramienta de convivencia escolar? ¿Es la opresión económica un marco de acción en la dinámica de las clases sociales? ¿Cuánto de lo que nos relatan las obras vemos o vivimos en nuestros espacios? ¿Nos identificamos con los personajes de las novelas gráficas, sus emociones, sus condiciones de existencia? ¿Por qué? ¿Cómo? ¿Cuánto? Es probable que sí. 

    Ambas obras logran, precisamente, una vinculación con las y los lectores, tanto porque los relatos les pueden funcionar como espejo, como porque les pueden recordar a otros que han vivido o viven las violencias de las que venimos hablando. A los adultos, también. Por lo mismo, las novelas pueden funcionar como catalizadoras de conversaciones y diálogo, y como espacios de contención y resguardo, ámbitos en los que la lectura literaria se hace presente.