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    “Cuando fuiste nube”

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    “Mexique: el nombre del barco”

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    “La educación va determinando cómo va a seguir funcionando la sociedad”
    Entrevista

    “La educación va determinando cómo va a seguir funcionando la sociedad”

    08 agosto, 2023 Por Carolina Illino G.
    publicado en el Boletín 13

    La premiada autora de más de cuarenta libros infantiles y de narrativa, de profesión periodista, especializada en estudios asiáticos, nos cuenta sobre los orígenes de su lenguaje, poético y sencillo. Un registro en el que se encuentra a través de las palabras con sus jóvenes interlocutores de diferentes latitudes, escribiendo sobre temas que van desde los animales hasta los derechos humanos.

    “Cuando fuiste nube”

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    María José Ferrada tiene residencia móvil. En el momento de la entrevista está en Villa Comuy, un pueblo del sur donde vivía su familia, en la comuna de Pitrufquén. Creció en Temuco, en los últimos tres años estuvo entre Chile y Alemania —de donde también es parte de su familia— y ahora vive y trabaja entre su natal Araucanía y Santiago. «Acá tengo actividades con el Club de adulto mayor Las Camelias y con niños de escuelas de por aquí cerca. En marzo vuelvo a Alemania por un tiempo a presentar Cuando fuiste nube (Fondo de Cultura Económica, 2019) y El hombre del cartel (Alquimia, 2021) que salen en alemán», cuenta. A finales de este año publicará los libros Siete apariciones y La soledad de los peces, por las editoriales Libros del Escuincle y Alboroto, respectivamente. Durante las mañanas trabaja escribiendo, labor que compatibiliza con visitas de autora, talleres y la redacción de su columna semanal para Las Últimas Noticias y artículos para La Fuente.

    —¿Eran muy distintos los niños que conociste en Alemania, con los niños de acá o los de Japón?
    —Cuando observas a un niño su cultura se nota mucho, porque el niño es muy transparente. La otra vez les hice un ejercicio, una entrevista a varios niños y uno de ellos, alemán, me decía que para vivir en este mundo es importante conocer las reglas del lugar en que vivimos. La niña de Barcelona me decía: «es importante pasarlo bien en este mundo». Entonces, es muy claro cómo funciona la sociedad. Un niño de Japón, aunque sea chiquitito, espera a que le des el turno para hablar, esas cosas. Pero me llamó la atención que lo que quería la niña de Barcelona coincidía con lo que quería mi vecina de aquí del pueblito. Yo les decía «si tuvieras un poder especial, ¿cuál querrías?» y las dos me dijeron que dudaban entre volar y hablar con los animales. Y entonces hay una cosa común, yo creo, de los niños que se parecen en todas partes, pero la forma en la que eso va apareciendo cambia un poco según la sociedad.

    —¿Influyó en tu forma de escribir la retroalimentación que empezaste a tener de tus lectores?
    —Me gusta la forma en la que piensan los niños, me es muy iluminadora también. No solo para mi trabajo, sino que para mi vida. Observando a los niños me doy cuenta de que es todo un estadio de la relación con el mundo, con lo concreto, con los objetos, con todo eso que a mí siempre me gustó de manera natural. Pero ahí fui entendiendo el porqué de este gusto, que tiene que ver con que cuando eres chiquitito no manejas muchas palabras abstractas, entonces vas encontrando la belleza en lo material. Ellos no saben que es un impedimento no tener lenguaje abstracto, lo toman de manera muy natural y van haciendo asociaciones que, por ser hechas con pocas palabras, son muy creativas. Porque no tienes mucho, entonces tienes que dar una vuelta bien rara para juntar una imagen con la otra y explicarte el mundo. Finalmente, eso es lo que estás buscando y es también para lo que nos sirve un poco el lenguaje: organizar de qué se trata este lugar al que llegamos, eso es lo que en los primeros años intentamos hacer y toda la vida un poco buscamos hacer eso. Me gusta ese registro.

    —¿Sientes que reciben de manera distinta temas que tienen que ver con derechos humanos, memoria u otros temas más concretos?
    —Creo que ellos no se complican mucho. Tienen una necesidad de volver aplicable a su propia experiencia lo que aparece como una palabra que no terminan de entender muy bien, que es el tema de los derechos humanos. Les sirve de alguna manera para aterrizar y para lo que hace la literatura en general: juntar su experiencia con la experiencia que propone un otro, en este caso un escritor. Entonces conversamos harto sobre las formas que toma la violencia, sobre la propia violencia. Eso en los niños a veces se desboca, pero si tú no lo nombras y no lo conversas, todavía más se desboca.

    —¿Te ha tocado ver la relación de niñas y niños de otros países con estos temas?
    —En Alemania sí, ellos lo ven, en toda la sociedad está presente. Creo que el currículum del colegio es inseparable de las cosas que son importantes para esa cultura. A veces exigimos mucho y nos enojamos con cómo es el currículum en este país, pero en realidad es un reflejo de las cosas que son importantes o no para la sociedad completa y, en Alemania, el tema de la no repetición y todo lo que tiene que ver con el Holocausto está presente en todo y, por ende, también en la escuela. La educación es como un círculo, una correlación de cómo funciona la sociedad, pero a la vez va determinando cómo va a seguir funcionando. No es un molde que puedas instalar, sino que son cambios que tienen que venir acompañados de un montón de otros cambios. En el fondo, una sala de clases es como la casa de una sociedad, por eso yo me siento muy afortunada de poder trabajar con las salas de clases, porque comprendes hartas cosas de cómo funciona ese país cuando entras a una sala.

    —¿Crees que la literatura puede tener un rol importante en introducir esos temas?
    —Sí, porque te da espacio. Creo que la gracia de un poema o de una ilustración es que puedes volver todas las veces que quieras, entonces da un tiempo para que te metas ahí con tus necesidades y con tu historia, tu sensibilidad, con las preguntas que tú tienes. El libro Niños (Liberalia, 2020) tiene buena aceptación entre los adultos. Pero si no llega a los niños no sirve mucho y en los colegios sigue habiendo resistencia a tratar estos temas. No llega a la escuela, no llega a manos de los niños, yo me fijo harto cuando voy a los colegios si eso está presente y no está.

    —¿Ha cambiado harto en los últimos años el tema de la migración en Chile, empezando por la misma presencia en las salas?
    —Muchísimo. En todas las escuelas hay niños que son de otro país, eso antes en Chile no lo veíamos. Tienes que ser cuidadoso porque no son temas que al que viene le gusta abordar tan directamente. Entonces, lo que hago es hablar harto con el profesor y saber en qué condiciones están los niños que son de afuera para ver qué tan directo puedes abordar el tema o no, porque tal vez pueda ser incómodo para alguien. Son temas delicados en que puedes terminar exponiendo al niño a una situación en que lo único que quiere es pasar piola.

    —¿Algo que has aprendido?
    —Por el tema de la literatura de la tradición oral que van trayendo los niños, que vienen con sus historias, yo sigo la historia del Tío Conejo, que es un personaje que aparece más en Centroamérica, pero que los migrantes han ido trayendo. Hay toda una riqueza que va a ir apareciendo de a poco y que se va a ir mezclando con la nuestra.