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    Palestina, de Joe Sacco: periodismo en viñetas
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    Palestina, de Joe Sacco: periodismo en viñetas

    15 abril, 2026 Por María Jesús Blanche
    publicado en el Boletín 18

    Publicada originalmente en los años noventa, “Palestina” es una obra pionera del periodismo en cómic. A partir de testimonios recogidos en Gaza y Cisjordania durante la Primera Intifada, el autor construye un relato honesto y profundamente humano sobre la vida bajo ocupación, cuya vigencia resuena con fuerza en el contexto actual.

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    En 1991, el historietista y periodista maltés-estadounidense Joe Sacco (1960) viajó a Gaza y Cisjordania con una libreta de apuntes, una cámara fotográfica y una inquietud persistente, motivado por los reparos sobre la forma en que el conflicto palestino-israelí era abordado por los medios de comunicación en Estados Unidos. 

    El resultado fue Palestina, obra inicialmente seriada en nueve entregas, publicadas por la editorial Fantagraphics entre 1993 y 1995, y que apareció por primera vez como un solo volumen en 2001. Hoy —en medio de una guerra abierta entre Israel y Hamás, que desde octubre del 2023 a la fecha ha desencadenado una crisis humanitaria en la Franja de Gaza—, Palestina vuelve a circular en una nueva edición de Planeta Cómics (2025) para subrayar la actualidad del trabajo de Sacco y demostrar la importancia de dar voz a quienes sufren las consecuencias directas de cualquier conflicto armado.

    Este libro pionero del periodismo en cómic nos adentra en la vida de los habitantes de los Territorios Ocupados por Israel, cuyas historias Sacco escucha, escribe y bocetea en cuadernos, para luego darles forma de viñeta. “Mi idea no era ofrecer un libro objetivo, sino uno que fuera honesto”, advierte en las primeras páginas. Y eso es justamente lo que encontramos: una mirada íntegra sobre el conflicto palestino-israelí en medio de la Primera Intifada, movimiento popular palestino en contra de la ocupación israelí de Cisjordania y la Franja de Gaza que se extendió desde diciembre de 1987 hasta 1993. 

    Acompañado en algunos trayectos por Saburo, un fotógrafo japonés, y algunos guías, el autor recorrió los Territorios Ocupados e Israel durante dos meses y medio. En invierno del 1991 viaja desde Berlín a El Cairo, para luego trasladarse por tierra a Jerusalén. Según cuenta, varios de los testimonios fueron recogidos a través de entrevistas concertadas, pero muchos otros a partir de conversaciones espontáneas con las y los palestinos que iba conociendo y que querían, voluntariamente, contar sus vivencias.

    Sacco —también personaje dentro del cómic— graficará sus primeras impresiones al llegar a Tel Aviv, sus experiencias al visitar Gaza, Nablus o el campamento de Balata en Cisjordania, entre otros lugares. Al avanzar en la historia, conoceremos un sinnúmero de testimonios de familias palestinas, refugiados, militantes, presos y trabajadores que hablan de detenciones ilegales, palizas, de terrenos destruidos, restricciones de movimiento o de trabajo, y de los asentamientos de colonos israelíes.

    Tras las conversaciones sostenidas, el autor no tardará mucho en darse cuenta de que estas charlas también se han convertido en un juego de adivinanzas para determinar qué facción de la Organización para la Liberación Palestina (OLP) apoya cada palestino, en función de su opinión respecto al proceso de paz: Fatah, la facción Arafat dentro de la OLP; Hamás, el grupo fundamentalista islámico; y el Frente Popular forman parte de este amplio espectro.

    El blanco y negro saturado y la insistencia en ciertos gestos o miradas transmiten la sensación de caos y de tensión permanente. Sin embargo, incluso en los relatos más crudos, Sacco mantiene en los personajes —incluido el suyo— un trazo caricaturesco que heredó del cómic humorístico.

    El relato no está exento de interrogantes, e incluso pone en cuestión algunos testimonios en pro de apegarse a la versión oficial: “Volvimos a hablar por la tarde, pero no fue una conversación sincera. Como pasa en muchas conversaciones por aquí, había gente superflua alrededor, supervisando consciente o inconscientemente la charla y entremetiendo la línea oficial de su facción, y acabé sin una respuesta clara para mi pregunta”. (xiv)

    En las viñetas, dibujadas en su totalidad en blanco y negro, hay crudeza, humor e ironía, además de una observación minuciosa del entorno reflejado en cada trazo. Tanto los globos de texto como los dibujos reflejan las tensiones del lugar y hacen hincapié en detalles que se han vuelto cotidianos, como las diferencias entre las libertades individuales de la población según el color de su documento de identificación o la posibilidad de que una conversación termine abruptamente debido a la aparición de los soldados.

    En un momento del relato, tras describir la experiencia de una familia cuya plantación fue derribada por los israelíes, el autor utiliza la metáfora del océano para referirse al sufrimiento colectivo: “Y la suya es solo una lágrima en el océano. ¿6 árboles palestinos? ¿17? ¿70? ¡Bah! Los israelíes arrancaron más de 120.000 durante los primeros años de intifada…”. (62) Esta misma idea parece repetirse a lo largo de las páginas de Palestina, cuando el autor acerca la mirada para dibujar una vivencia personal enfatizando las expresiones faciales de sus interlocutores, para luego retratar insistentemente una y otra historia de detención, hostigamiento o privaciones económicas.

    La acumulación de testimonios encuentra su correlato en la densidad visual de las páginas. El blanco y negro saturado y la insistencia en ciertos gestos o miradas transmiten la sensación de caos y de tensión permanente. Sin embargo, incluso en los relatos más crudos, Sacco mantiene en los personajes —incluido el suyo— un trazo caricaturesco que heredó del cómic humorístico.

    No es casual que el teórico literario y activista palestino-estadounidense Edward Said subraye la potencia expresiva de este género en el prólogo que se incorporó en la edición del 2001: “Mediante recursos que aún encuentro fascinante decodificar, los cómics, con sus implacables subtextos (…), parecían expresar todo lo que no habría podido expresarse de ninguna otra forma”. En Palestina, Sacco demuestra precisamente eso: que la historieta puede convertirse en un medio para transmitir una realidad que muchas veces nos excede.