
Dos propuestas que asombran: el cómic pensado en francés que desembarca en Chile
El cómic infantil y juvenil ha dejado hace rato de ser un género menor. Según las encuestas, hoy es uno de los formatos más poderosos para despertar el gusto por la lectura, especialmente entre aquellos que se declaran no lectores.
En estas sesiones del comité Troquel pudimos conocer dos títulos editados en Chile por Fondo de Cultura Económica (FCE), que provienen directamente de la tradición de la bande dessinée europea: ¡Increíble!, de los belgas Vincent Zabus e Hippolyte, y Lucho Larguirucho y el misterio de las profundidades, del francés Matthias Picard. Ambos libros no sólo son una muestra del trabajo de autores del cómic francófono contemporáneo, sino que también ofrecen propuestas que desafían las convenciones del formato y expanden los límites de este tipo de libros.
El valor de la diferencia
¡Increíble! (Incroyable!), que fue publicado en francés por Dargaud el año 2020, nos presenta a Jean-Loup, un niño de once años que vive en Bélgica durante los años ochenta y que no es un protagonista común: sufre de trastorno obsesivo-compulsivo, cuenta hasta tres antes de cualquier acción; tiene un amigo imaginario que no es otro que Leopoldo, el rey de los belgas; y se refugia en pequeñas fichas que él mismo redacta para comprender el mundo que lo rodea. Cuando su profesora lo inscribe en un concurso de disertaciones, el niño deberá enfrentar sus miedos más profundos, incluida la ausencia de la madre, que parece haber desaparecido de su vida, y un padre absolutamente distante, sin forma física, sólo es un texto que responde: “Espera un minuto, Jean-Loup. Ya voy…”.
La historia, adaptada por Vicent Zabus a partir de una obra de teatro que él mismo venía representando, se mueve entre la ternura y el humor. Como señaló la crítica francesa en su momento, se trata de “una asombrosa novela gráfica sobre un conmovedor niño que intenta manejar su vida agitada por tics compulsivos. Divertido, falsamente ingenuo”. Y es precisamente esa aparente ingenuidad la que permite abordar temas como la soledad, el abandono y la necesidad de encajar en el mundo.
Vincent Zabus nació en Namur (Bélgica) en 1971, es filólogo, dramaturgo y director artístico del Théâtre des Zygomars. Su paso por esta compañía le ha ayudado en la construcción de personajes y ambientes. Según el autor de cómic francés Jean-Marc Lainé, Zabus “busca crear personajes sensibles y conmovedores, que bien podrían hacernos más humanos”. Este camino se traduce en cada viñeta, donde el lector no puede evitar empatizar con Jean-Loup, con su cariñosa profesora y con Johnny Gala, su padrino despelotado; y celebrar las pequeñas victorias que los tres consiguen.
El trabajo gráfico de este cómic es responsabilidad de Hippolyte, seudónimo de Frank Meynet. Nacido en 1976 en los Alpes franceses, ingresó en la escuela Émile-Cohl, de Lyon, donde se especializó en ilustración y animación. Su vasta experiencia en ilustración para diarios, revistas y editoriales ha sido reconocida con distinciones como el premio al Mejor álbum del año en la Feria del Libro de Bruselas el 2004, por su adaptación de Drácula. También en la categoría Mejor álbum del año, pero en el año 2020, recibió el premio Victor Rossel, entregado por el periódico belga Le Soir, por este trabajo junto a Zabus.
En ¡Increíble! su trazo evoca al dibujante Sempé (Burdeos, 1932) por la economía en las líneas y la potencia del color para detalles y páginas. En estas también adquieren fuerza los interiores, las bibliotecas, los hospitales, las fachadas de los edificios; una presencia material que se contrapone a la delicadeza del estado de ánimo de Jean-Loup y a la soledad en que se encuentra. Cabe destacar el séptimo capítulo, con la llegada del cometa y cómo el color inunda todo.
Aunque distintos, estos libros comparten una misma premisa: el cómic es un espacio de experimentación artística que se abre a temas cotidianos.
Un viaje silente
Si ¡Increíble! apela a la emoción a través del texto, Lucho Larguirucho y el misterio de las profundidades (Jean Jambe et le mystère des profondeurs) aborda el silencio. Se trata de una obra completamente sin texto, silente, donde la narración avanza a través del recorrido por imágenes tridimensionales que requieren anteojos anaglifos, los clásicos rojo y azul, para ser vistas en relieve.
El protagonista es Lucho Larguirucho, un delgadísimo ser de largas piernas y brazos, orejas prominentes y una nariz redondeada de perro, que emprende una expedición por unas cavernas y cuevas llenas de cuarzos, corales, hongos y criaturas que parecen salidas de un sueño o de su imaginación.
Su autor es Matthias Picard (Reims, 1982), licenciado en Bellas Artes en la Universidad de Estrasburgo y de quien ya conocemos otros títulos: Jim Curious. Viaje al corazón del océano (Hueders, 2015) y Jim Curious. Viaje a través de la jungla (Fulgencio Pimentel, 2019), donde también usa la técnica de los anaglifos.
En Lucho Larguirucho, el autor francés construye dioramas en yeso y utiliza fotografías de minerales provenientes de la colección del Museo de Historia Natural de Aix-en-Provence, que destaca en las guardas del libro. Y estos elementos son el soporte para la aventura de este singular personaje. El resultado es la creación de un universo singular, que mezcla fotografía, recursos naturales, dibujo y construcción; una experiencia visual que invita a los lectores a no abandonar, ni por un segundo, su lectura.
En una entrevista disponible en el sitio web de Éditions 2042, Picard afirma: “lo que me interesa es ver aparecer imágenes que me sorprendan, no necesariamente fabricar las que tengo en la cabeza”. Y a propósito de su personaje lineal refuerza: “Concretamente, el hilo permite establecer un vínculo entre las imágenes. No quería hacer una colección de bellas imágenes a página completa”.
La actitud del personaje —la de descender, navegar y visitar distintos parajes—, es una invitación a los lectores a enfrentarse a una travesía por lo desconocido; una trama en donde lo natural, las rocas, los minerales, lo microscópico, adquiere relevancia frente al mundo superior y externo dominado por otros fines. Esa premisa se revela al final del viaje, cuando las solapas de la doble página se despliegan y en ellas aparece el verdadero motivo del viaje. En el 2025, la Asociación de críticos y periodistas de cómics de Francia (ACBD) reconoció este trabajo con el Premio Jeunesse.
Aunque distintos, estos libros comparten una misma premisa: el cómic es un espacio de experimentación artística que se abre a temas cotidianos. En ¡Increíble! es posible hablar de salud mental, soledad y abandono, con trazos de humor y sin condescendencia. Por su parte, Lucho Larguirucho demuestra que la lectura no siempre necesita de palabras para generar significados y, al mismo tiempo, que un libro silente no es sencillo ni fácil por estar compuesto sólo por imágenes.




