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    “Aleluyas para los más chiquitos”

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    atras adelante
    Marta Brunet y Roser Bru sesenta años después
    Rescate

    Marta Brunet y Roser Bru sesenta años después

    15 septiembre, 2026 Por Diana Bravo T.
    publicado en el Boletín 19

    Un rescate editorial de Grafito que permite volver a mirar la obra de dos premios nacionales. Con textos críticos de Isabel Molina y Claudio Aguilera, “Aleluyas para los más chiquitos” es la recuperación de un libro donde poesía, infancia e ilustración se encuentran.

    “Aleluyas para los más chiquitos”

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    En 1960, la editorial Universitaria publicó un pequeño libro que, con el tiempo, quedaría oculto bajo el peso de la obra mayor de su autora, Marta Brunet, Premio Nacional de Literatura en 1961, reconocida por sus novelas criollistas y cuentos de niñas solitarias. El libro se llamaba Aleluyas para los más chiquitos, y en sus páginas, animales rimados y traviesos desfilaban al compás de una musicalidad pensada para la primera infancia. Lo acompañaban las ilustraciones de una joven artista catalana que llegó a Chile huyendo de la guerra y la dictadura franquista: Roser Bru, quien décadas más tarde, en 2015, sería distinguida con el Premio Nacional de Artes Plásticas.

    En 2025 Aleluyas para los más chiquitos resurge en el panorama literario gracias a la editorial Grafito, sello fundado por Isabel Molina en 2013, conocido por su apuesta por libros infantiles que no subestiman a sus lectores y que pone en valor clásicos ilustrados. Esta nueva edición recupera los versos originales de Marta Brunet junto a las ilustraciones de Roser Bru y suma dos estudios críticos que iluminan, desde ángulos complementarios, el peso de esta obra:“Marta Brunet y la infancia”, con autoría de la editora e “Imágenes que arrullan. Roser Bru en la literatura infantil chilena”, del investigador Claudio Aguilera.

    El gesto editorial de Grafito no es menor. Rescatar Aleluyas para los más chiquitos implica, en primer lugar, ampliar la imagen que tenemos de Marta Brunet, escritora nacida en Chillán en 1897. Célebre por su prosa introspectiva y por personajes como Solita —la niña lectora, rebelde y ensimismada que la propia autora confiesa como su criatura favorita—, cultivó también la poesía destinada a la infancia.

    Como se ha explorado en trabajos sobre la obra de Brunet, la mirada de la autora hacia el mundo infantil no fue un capítulo aislado sino una preocupación sostenida a lo largo de toda su obra. Desde las niñas de Reloj de sol (Nascimento, 1930) y Raíz del sueño (Zig-Zag, 1949), hasta las reflexiones que ella misma consignó en ensayos como “El mundo mágico del niño”, donde defendió con vehemencia la lógica mágica del relato infantil y la necesidad de un amor genuino hacia los niños y niñas como condición de toda narración valiosa para las infancias. Aleluyas para los más chiquitos se inscribe en ese linaje: es la faceta lúdica y rítmica de una autora que en otros textos exploró la soledad, la crueldad y la búsqueda de autonomía de sus personajes infantiles, particularmente los femeninos.

    Este libro es la faceta lúdica y rítmica de una autora que en otros textos exploró la soledad, la crueldad y la búsqueda de autonomía de sus personajes infantiles, particularmente los femeninos.

    Por otra parte, el estudio de Claudio Aguilera sobre Roser Bru viene a iluminar una de las caras menos conocidas de la artista: su importante trayectoria como ilustradora de libros infantiles, especialmente en sus primeros años en Chile. Que una investigación se detenga en el aporte de Bru a la literatura infantil chilena permite conocerla como una creadora que, antes de consagrarse en galerías de arte y museos, puso su trazo al servicio de la imaginación de los niños y niñas chilenas.

    Esta labor editorial ofrece una propuesta interesante que releva la labor de dos autoras —una nacida en el Chile rural de fines del siglo XIX; la otra, llegada desde una Cataluña arrasada por el franquismo— que convergieron en un libro pensado para las y los lectores más pequeños. El hecho de que Grafito haya elegido revivir precisamente este cruce, acompañándolo de estudios críticos que le aportan valor histórico, habla de una vocación editorial consciente: no solamente reeditando un libro infantil poco conocido, sino también restituyendo su lugar en la conversación sobre la literatura infantil chilena y sobre el trabajo, muchas veces invisibilizado, de las mujeres que lo crearon.

    Aleluyas para los más chiquitos vuelve al panorama literario nacional como una pieza que permite releer a Marta Brunet más allá de “la escritora de lo rural” —etiqueta que la crítica le impuso durante décadas— y que invita a descubrir a Roser Bru antes de que se convirtiera en la precursora de una iconografía del cuerpo femenino que visibilizó los distintos tipos de violencia ejercidos sobre este. Entre rimas de animales y trazos que aún conservan la frescura de 1960, este pequeño libro recupera, sesenta y cinco años después, su derecho a ser disfrutado por nuevas generaciones de lectores y lectoras.